domingo, 30 de septiembre de 2012

Poema de media noche


Finalmente logro descansar entre brazos de Morfeo,
una ilusión, quizá un delirio,
o probablemente un deseo.

Finalmente logro lo que antes no he logrado,
y lo que quizá deba volver a lograr,
por fin veo mi deseo consumado,
el poder cerrar los ojos y volver a volar.

Alegremente me despido de las reales estrellas,
en poco veré las de mis sueños,
el pasillo no es tan largo,
no mide una milla, seguro menos de medio metro.

Como volver volveré, mi aventura no es eterna,
ahora me espera una cama de ébano y flores de adormidera,
paso a paso la realidad se vuelve mas etérea.

domingo, 9 de septiembre de 2012

En el Horizonte del Alcohol

Etílicas gotas de un extraño espíritu
caen y caen, ruedan a través de su recipiente,
se derraman en mi lengua y emprenden su viaje,
emprenden el suyo y me incitan al mío
me despido del mundo por esta noche, en un trago de olvido.

Se desprenden de sus nubes y las ideas llueven,
se desplazan y caen como las notas musicales que inundan mi habitación,
caen drásticamente, caen libremente, caen y las imagino llegar.
Me relajo, poso mi pluma, tomo otro trago,
y aquí la tinta empieza a vibrar.

Como mágico brebaje salido de algún cuento,
esto nos acerca a mí y a mi subconsciente a un encuentro,
lo que veré no lo puedo predecir,
ni mucho menos antes de ello hablar,
es ahora cuando mi mente empieza a zozobrar.

Con violencia empieza este terremoto,
cae una tormenta, destellos, se deshace el asfalto.
Todo se deshace, nadie sobrevive,
todo queda en una faceta blanca e inmaculada,
aquí todo pierde sentido y adquiere verdad.

Todo empieza en la calma, solo se observa soledad
casi ya nada tiene sentido, todo demuestra tranquilidad,
de repente todo tiembla...Ya nada es igual,
veo o no veo, no me arrepiento, cegado estoy
desde aquí todo cambiará.

Se imparte una silenciosa guerra,
mil soldados sin cara caen cada segundo
sus gotas de sangre negra manchan el inmaculado lugar,
de repente nadie se mueve,
de vuelta la tranquilidad.

Más de este brebaje cae en mis manos,
procedo a de ellas sorber,
todo se ve borroso, cambia el paisaje,
parece que me vuelvo a perder,
mi movilidad, entera, la he perdido.

Aquí reflexiono, me siento solo, el tiempo corre hacia atrás
de tres a dos, de uno a cero, de cero a infinito, y así antisucesivamente.
La tranquilidad ya molesta, aunque puedo acostumbrarme,
a no ser que los lagos de la memoria se evaporen hacia las nubes del silencio,
para después dejar de existir, ser borradas por el inexistente horizonte.

Mi mismo aliento ahora puede borrar recuerdos,
puede hacer viajar a aquel que tome de ella,
puedo dar de este mágico brebaje,
perder o ganar todo, más probablemente perder.
eso déjaselo al azar, tu toma, y viaja al hoy al mañana o al ayer.
Eric N. Palmieri

sábado, 8 de septiembre de 2012

Cuando la inspiración se ausenta

Mis disculpas por escribir poco estos días, resulta que, tal y como lo dirá la poesía, estos días me ha faltado mucho la inspiración...
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Escribo de esta historia hueca
no más de unos pocos versos.
De contar cosas nulas,
a recordar de un dolor profundo
tal es, que yace hasta en los huesos.

Es cuando duerme la inspiración,
cuando se toma por un tiempo vacaciones.
Un receso que decide tomarse por un momento.
Deja hueco a todo aquel que abandona.

Duele esa amargura, que queda al no ver lo que faltaba,
hace falta varias veces, al corazón lo deja en pena.
Ni alcohol ni despertadores del espíritu ayudan,
solo hunden a uno más en su miseria.

En ruinas quedan los antes indestructibles cimientos,
los cuales a la mente, para formar versos tomaban recuerdos,
recuerdos vivos o perdidos, conocidos o muertos,
poniendo a los mismos en duda, conocimiento e inclusive miedo.

Paciencia, paciencia, que la calma no hay que perderla,
solo es cuestión de esperar un poco,
darse cuenta de que en realidad lo que falta está jugando,
juega con la mente y sus sentimientos,
mientras su juego es esconder mi pluma,
si no la he encontrado todavía, falta poco pero la encontraré.
Eric N. Palmieri

miércoles, 22 de agosto de 2012

Sueños Escondidos


Sueños escondidos, en algún lugar de la mente,
con recio sendero, irregular relieve,
sin puertas, vallas ni visible desbroce,
difícil camino, inacabable es su horizonte.

 Oculto será por algo, más no me atrevo a preguntármelo,
ni valentía ni honor sirven en este lugar,
en el camino puede habitar lo que más uno teme,
en este lugar existen muy pocos secretos.

Vencer depende de uno mismo, tanto como este domine a su mente,
pues cuanto más profunda sea, más camino uno deberá enfrentar.
Uno puede morir varias veces e inclusive por ello no despertar,
este lugar no es cualquiera, más un tesoro inigualable debe albergar.

Muchos enloquecen buscando este lugar,
muchos se pierden, encontrando solo su propia oscuridad,
muchos se embarcan en una siniestra aventura,
ni ellos mismos saben si regresarán.

Aquí uno debe mantener su paso, de atrasarse ni pensar,
puesto a que las horas corren, y el alba real puede esta búsqueda frenar,
haciendo a uno abrir los ojos, volver de su íntimo más allá,
para no saber cuando volverse a esa aventura embarcar.

Sueños escondidos, por algo lo son,
¿Dónde se encontrarán?, es algo que no lo sé,
ni los más sabios lo conocen, mas algunos hablan de la locura,
sin saber que al llegar a ese lugar ya no existe la mal llamada cordura.
Eric N. Palmieri (Espíritu del Viento)

sábado, 11 de agosto de 2012

Oda del Leteo

Es una noche muy silenciosa,
la Luna se ha perdido entre sus cabellos
de limpidez inmaculada y etérea,
tan clara como lago de bosquejo,
tan brillante como plata bruñida,
es como se muestra ante los ojos humanos.

De un color azul y plata se viste la noche
cual si se ataviara con fulgurante humo,
como virgen, inmaculada, nocte perfectum.
Y su pupila insondable arroja rosales nublosos,
mientras estos caen en su canasta de plata y oro
y los sudarios sombríos susurran una melodía sorda,
será cuando las ninfas Dafne y Eurídice
acudan a la lira de Orfeo sorbiendo su sonido inmaterial.

En esos manantiales de olvido, semejantes al Leteo,
de los cuales procuro mantenerme cerca,
para alejar el chaparrón fosco de la memoria,
para que este no irrumpa ni en mi mente ni en mi paz
y así permanecer en los quietos mares de mi sosiego,
antes de volver al amplio mundo, y mi espada entonces desenvainar.

En este lugar desconocido me encuentro,
en mi seco silencio y mi ronca sed,
para saciar a mis sentimientos,
y hallar la calma que en vida no tuve,
ni en muerte tendré, más ni un Valhala me espera
solo este vacío, este abismo tormentoso
decidirá con mi alma que hacer.
Mas es fatal la tortura que me espera.

Solo hay un interludio; la Luna perdiéndose entre sus cabellos
manifestándose en haces de una luz, cual alcohol, embriagantes,
Mi mente me absorbe, abyssi cogitationis me induce,
llevándome de un paraíso a otro, emponzoñando mi visión de este mundo,
y eternizándome en un instante que parece inacabable,
o a una efímera eternidad, callando mis palabras antes de que yo hable.

Y aquí reiterando el tiempo veo tanto y siento tanto,
me inmolo en mi mente para seguir soñando,
con la insondable pupila neblinosa,
la cual ciego me deja ante el mundo que no quiero ver,
antes preferiría volver a mis manantiales umbrosos,
para seguir descansando, para cumplir ahí una eterna estadía,
injertando mis manos en las aguas verdes y sorbiendo,
y entre gota y gota, entre luna y luna, perderme en mis sueños.
Eric N. Palmieri (Espíritu del Viento) y Fabrizzio Lerma Chirinos 

sábado, 28 de julio de 2012

En algún lugar de mi insomnio

A pedido de un lector mío cuyo nombre según dicen las malas lenguas permanecerá en el anónimato...
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Aquí, donde nunca me encuentro, es donde estoy
muero por saber como he muerto, o si ha sido hoy
en este recesivo insomnio, donde soy o no soy.

Pierdo al pensar que he ganado contra ello
y es cuando recuerdo que todavía estoy despierto,
más no recuerdo, si he logrado llegarme a un acuerdo,
contra este infierno, que se muestra indolente
a pesar de que llega sin avisar a mi sueño dar muerte.

Lloro en un pasado y me animo a rememorar,
como si ahora mirara y si quiera me fuera a importar.
Todavía no descubro, si todo esto es con fin de lucro,
o si nada mas es sin importar.

Metáforas me han pedido, y es al papel al que le grito,
en forma de escritos,  con una daga de grafito.
Retiro un pensamiento, y siembro con este otros cien
a ver si logro con ello poder más allá ver.

No me despido de ello, sé que no me dejará en paz,
me despido de las estrellas corriendo la vista para descansar.

¡Grito protestando, contra lo que yo mismo he logrado!
¡grito protestando, contra lo que yo mismo he ganado!
¡yo mismo me lo he ganado, y debería callar!
¡no obstante no me callaré por que mi corazón no lo hará!

No me despido del papel, por esta noche me despido de ustedes,
debo dormir, aunque sea un momento,
si en mis letras no se ve, en mis ojos se nota,
las venas irritadas, su oscura tonalidad roja.
Eric N. Palmieri (Espíritu del Viento)

jueves, 26 de julio de 2012

Olvidar no es fácil

Cierto es, que no he podido olvidar nada
me miento a mi mismo, al mismo tiempo son mentiras desveladas
me culpo por todo error, más sé que no es cierto
no me importa, yo fui el culpable de todo esto.

Cambié a mejor y noté el cambio,
fue todo tan repentino, en tres meses pasaron años.
Poner pies en la tierra y agradecer estar vivo,
era más fácil cuándo estaba contigo.

Cenizas fueron después de un gran fuego,
de un color gris oscuro, de todo mi esfuerzo,
estas cenizas son todo lo que tengo,
mis recuerdos.

Me he levantado después de haber caído,
de ese enorme error he aprendido,
si lo vuelvo a cometer, me resquebrajaré en un olvido,
y mi corazón en una etílica sustancia estará sumido.

Soy un idiota por no pasar página y lo sé,
tristemente recuerdo y a veces disimulo mi dolor,
aun no entiendo el porqué de tal menester
el cual de a momentos parece impulso.

A veces recuerdo, nostálgico, aquellos momentos de felicidad
sabiendo que no los volveré a tener, o al menos no será igual.
Lucharé por seguir, por lo menos parado no me quedaré,
mi espíritu clama a gritos, victoria obtendré.

Extraño no poder olvidar
ya que todas esas marcas solas no se irán,
deseo, tan solo un minuto, poder frenar,
recordar, frenar, olvidar y por ultimo mi camino reanudar.

Luchando he perdido, una batalla o una guerra más,
de la cual mi herida puede cicatrizar, pero de gangrena oscurecerá,
si antes no he muerto, esta no será la ocasión,
que mi ocaso no será mientras en disputa esté mi corazón.
Eric N. Palmieri (Espíritu del Viento)

miércoles, 18 de julio de 2012

Lo desconocido, la sombra del recuerdo

Es terreno inexplorado lo que el hombre teme,
es lugar donde la brújula no sirve,
es lugar donde el miedo se fuma en atados de a veinte,
es solo donde los más sabios se aventuran a aprender,
sin más, lo que ven sus bocas no pueden articular.

Se sensato y ten miedo,
pero se valiente y pelea contra el,
ya que en batalla te deja ciego,
solo logra hacerte caer.

Una vez allí dentro todo cambiará,
no pierdas el control, o de tu camino te desviarás,
allí encontrarás a algo peor que el peor rival.
Ten en cuenta que no existe primer paso,
es solo de principio a final.

Este camino, al terminarlo, en busca de más lo repetirás,
buscando de nuevo verás que nunca es igual,
tendrás miedo, y creerás que es de cobarde llorar,
sin más, te digo, que es el único modo de a tus miedos ahogar.

Antes de encaminarte al sendero de allá,
permíteme darte algo que te será necesidad.
Más que el agua o el aire, esto te será de utilidad,
y deberás prometerme que con fuego y tierra lo defenderás.

-¿Qué es este paquete que me da, señor guardián?
Es la cura contra la amnesia, la muerte y cualquier enfermedad,
es un libro en blanco, que con lo que veas debes llenar,
atrapa eso como si fueran sueños, no has de olvidar,
¡Aprisa!, apúrate, que el papel no puede esperar.
Eric N. Palmieri (Espíritu del Viento)

viernes, 13 de julio de 2012

Insomnio

Muerdo mi lápiz y pienso,
en cómo sería dormir tranquilo,
sin tu bullicioso canto quebrantando mi sueño
y sin dejarme volver a dormir.

Quizá yo te busqué en algún pasado,
sin darme cuenta de lo que lograrías.
Más aún, aunque ya estoy cansado,
sin este insomnio, yo no sería.

Extraño mis noches de crío,
levantándome a las cinco para ver el alba,
refrescando mis sueños con su brillo,
levantándome antes que los pájaros, para después no hacer nada.

Meses, años, ya he perdido la cuenta de esto,
ya lo recordaré, son las cuatro, activos están mis pensamientos.
Como siempre, antes del alba,
es cuando en todo rincón me encuentras despierto.

Sé que ya no podré dormir,
así que no vale la pena estar acostado,
enciendo mi candil, preparo el café,
y medito tranquilamente cada error del pasado.

Ya empiezan a pasar los primeros buses,
tarde, como siempre, mientras también
se ven en el cielo las primeras luces,
el cuerpo después me pasará factura de todo esto.

Hace ya tiempo despertaste,
todas y cada una de las voces de mi cabeza,
ya no sé si son guardianes de mi sueños,
o de mi mente solo asperezas.

Dejo en final abierto este cantar,
porque sé que demasiado lejos está de su final,
aunque sea despierto, agradezco poder soñar
y por qué, aunque sé que no podré, intentaré de nuevo descansar.
Eric N. Palmieri (Espíritu del Viento)

jueves, 28 de junio de 2012

Canto Cínico a la Realidad


Olvidarse de vivir y vivir olvidado,
son dos, entre tantas cosas, que veo que están pasando,
se redujo a un mísero recuerdo, las leyendas de espadas y arcos,
ya dudo, de si el día de mañana, quedase algo.

No me arrepiento yo, supuestamente el ser humano está evolucionando,
para mejor dicen, mientras yo veo lo contrario,
la evolución ya pasó, inicia la marcha atrás:
Todo lo que con esfuerzo se construyó, a cenizas se reducirá.

Loco soy, por no vivir en esta realidad
ya vi como es, ni me interesa de verdad.
Gente jugando a seguir a una deidad
y esos mismos a mi me llaman loco, ¡Já!

Cuerpos de plástico y senderos de cemento,
sus sueños de futuro, allá ellos, yo no me los creo
se destrozan entre si, y lo llaman justicia,
endureciendo sus caras, guiados por sus bolsillos y su avaricia.

Si lloras lágrimas de petróleo, allí estará el Tío Sam,
para ofrecerte su pañuelo con toda amabilidad.
No te confíes, pues con esas lágrimas te ahogará,
haciéndote llorar hasta que seco quedarás, ese será tu final.

Libros sepultados, bajo cajas de televisores de último modelo,
se olvidan poco a poco, mientras todo es más nuevo,
grandes historias, reducidas a solo un sueño
esta es la realidad, lo “mucho” que tenemos.

La misma idiotez que sume a las personas
hará que caigan por su propio peso
sin más os digo, esa es mi opinión personal,
creo, y en mi opinión, basta solo con decir eso.
Eric N. Palmieri (Espíritu del Viento)

domingo, 17 de junio de 2012

Elegía a la Esperanza


Como inicio de esta poesía
os diré que merece llamarse elegía,
mi triste canto, que canto antes de cometer herejía,
por una promesa, si es necesario moriré por mi utopía.

Renuncié a un tanto, mientras el otro me abandonaba,
perdí lo que tenía, aunque nada yo merecía,
trato de gritar, pero mi ahogo me consume,
asumiré mis penas, por la culpa que tuve.

Llegue a tenerme solo a mí mismo,
pero mi propio ser me dejó en soledad
he quedado y quedo en estar solo, aunque en mí no confío,
¡Más debí confiar en los demás!

Tacho mi libreta y grito, pero mi ahogo me mata,
lucho contra él, pero no puedo,
me caigo al suelo, agonizante, pero medito en silencio.

“Venga, arriba, esta guerra no está perdida,
tu soledad y dolor, si luchas por mejor, serán efímeras,
¡Venga, arriba, que la moral no escasea cuanto tu armadura brilla!”

Y es entonces como desde dentro ahora me levanto,
para abismarme al dolor, no me importa cuanto,
para remediar mis obras, para seguir luchando,
para cumplir mi utopía, ahora bien lo estoy logrando.
Eric N. Palmieri (Espíritu del Viento)

martes, 12 de junio de 2012

Al inalcanzable horizonte


Buscado lugar al que no apunta la brújula.
ni navío ni hombre le han visto,
ni jamás le podrán ver, a tan inigualable paraíso.

Confusa metáfora compuesta por el ojo del hombre
descrita por una recta línea entre el cielo y el mar,
guarda tan grandes secretos que ningún ser vivo podría imaginar.

Ni en los sueños aparece,
claro u obscuro, al buscarle desaparece,
si quiera al acercarse, si posee imagen solo se desaparece.

“¡Buscadle, buscadle!” se gritan entre si los vientos,
los cuales a si mismos se abandonan para encontrar su tesoro.
Más preciado conocimiento, a su lado basura es la plata y el oro.

Isla perdida, bajo un velo de sombras,
ni de arena ni de agua, desconocida, de la naturaleza quizá no fue obra
ni el más ávido viajero se ha acercado.

Creo que sería lo correcto, averiguarlo, adentrarme en el abismo
aun así, en el camino sé que deberé perderme a mi mismo,
ya nada tengo, y por eso mismo, me arrojaré con altruismo.
Eric N. Palmieri (Espíritu del Viento)

viernes, 1 de junio de 2012

Varado en la Irrealidad

Estoy en un lugar en el que no me encuentro
procurando ser lo que yo siento
alejado del mundo y quizá de la realidad me emprendo
¿Dónde fui a parar? Por ahora no lo entiendo.

Sombras de voces que adornan las invisibles calles,
en las parado estoy, sin estar en ellas,
lluvias copiosas y aves cantando.
Desde las Rarezas este poema estoy recitando.

Es un torbellino de ideas, que alumbran la mentira
si este lugar fuera verdad, simplemente no existiría
Cadenas invisibles que desatan sus viles aceros,
al mar seco que alguna vez se evaporó para regar un viñedo.

Lastimarse con la irrealidad es como ver fantasmas,
solo la mente nos causa dolor y miedo,
en una terrible acrofobia a nuestro propio interior,
miedo a saltar y ver alrededor.

Vine a parar aquí a descansar y relajarme de la existencia,
a dar unas vacaciones para dejar a mi mente en libertad.
A sentarme en esta montaña a pensar,
y a ignorar que mañana deberé volver a la realidad.

Este poema es solo un fragmento
de las reflexiones de un hombre que ahora es libre,
que un pequeño legado deja en recuerdo
para que mañana no olvide que puede volver aquí.
Eric N. Palmieri (Espíritu del Viento)

lunes, 28 de mayo de 2012

Primer Aniversario de Literatura del Tiempo

Ya lleva un año, afortunadamente este blog, y siempre va a mejor. Agradezco a ustedes, mis lectores, por que, tal y como me dijo un amigo hace unos meses atrás (Gracias, Edward Nowicki, ya nos tomaremos unas copas en Madrid, te lo prometo) "Las poesías son escritas por el poeta, pero dejan de ser de él cuando lo publica y el mensaje pasa a ser de quien lo lea." Interpreto yo esta frase como que el mensaje o enseñanza que nos otorgen las letras, es del lector por haberlos tomado, y el escrito base es del escritor.


También agradezco a Amparo Bonilla, que me viene dando un buen apoyo en este blog, tanto como su colaboración con la publicidad que ella me hizo en el suyo.


A Edgar Jimenez García (Lord Edgar de Zamora y Jimenez), me encantó la poesía que ambos escribimos, espero que en poco podamos hacer la continuación.


Como verán muchos, ni para discursos escritos soy bueno, pero el mensaje se entiende. Espero que, tal y como ahora, hayan muchos mas aniversarios de este blog, les estoy muy agradecido. Un saludo entre letras.

sábado, 26 de mayo de 2012

La Melancolía

Observaba fijamente el empañar de su ventana,
tan delicada pálida y fría, lloraba desconsolada
penoso era recordar su gelido llanto,
y aún mas el recordar que ella estaba olvidada.

Lágrimas de algún licor derramado, de hierbas perfumado,
zozobraban timidamente y al caer desgarraban al silencio
con el frío, simulaban una lluvia de invierno.

El silencio de a momentos inunda a todo ese lugar,
con su denso ser, el silencio obliga a ser y estar
este no es mas que un lugar para evitar.

Acto de valentía es entrar ahí y verla a la cara sin temblar,
sin quedar como ella igual,
y volver a salir, ese punto es del que no se debe prescindir.

De a poco los años borran la imagen, aunque ella aun sigue llorando
resguardada en su lecho, en el alfeizar de su ventana empañada,
mirando llover afuera, mas de esa lluvia un techo la está resguardando
dentro de ella la felicidad reina, y aún su llanto no es escuchado,
pero lo será, cuando el nuestro haya cesado.
Eric N. Palmieri (Espíritu del Viento)

domingo, 20 de mayo de 2012

Los Últimos Caballeros: Capitulo I "El Reencuentro"

Hace algún tiempo, en una de las carreteras de Castilla La Mancha, cuando los reyes aún gobernaban y los caballeros andantes luchaban por la justicia y la verdad…

Hace mucho tiempo, en tierras de Castilla la Mancha
En tiempos en los que la gente vivía con reyes y libertad
Vivían todavía caballeros que, en su eterna marcha
Luchaban por el amor, la justicia y  por la verdad.

Por los caminos, por las sendas polvorientas
Por donde caminan las almas sedientas
Por los cuales mentes quedaron calenturientas
Las amplias sendas finalmente quedan estrechas.

Un encuentro el destino propuso a dos caballeros,
Que juran ante la verdad y justicia ser verdaderos,
Que ante los reinados y sus leyes son fieles,
Más al acero y su honor, guían a sus espadas hirientes.

Viejas historias cuentan, que el nombre de uno de ellos,
Lord Edgar de Zamora y Jiménez, santificado caballero.
Cuya alma de fuego ilumina al camino de la victoria,
Tratase de un caballero de gran gloria.

El otro, Sir Nícolas di Cosenza y Villalobos
Viajando de un magnífico corcel a lomos
Caballero en busca del conocimiento de la verdad
Consagrado a la ciencia, al saber y a la libertad.

Ambos caballeros eran amigos desde hacía muchos años, cuando aún eran jóvenes los dos, en algún lugar del amplio reino de España. El suceso de la Cuarta Cruzada obligó a Lord Edgar de Zamora a separarse de su amigo. Pasado todo este tiempo por pura casualidad u obra del destino volvieronsen a encontrar en este lugar…
                                             
Ambos caballeros eran amigos desde hacia muchos años
En algún lugar del reino de España, hace mucho separados
Y de nuevo en aquel lugar fortuitamente rencontrados
Se reconocieron pese a estar ambos muy cambiados
Ambos, tras mirarse muy detenidamente
Se dieron cuenta de su amistad latente
Sir Nícolas di Cosenza se acercó sonriente
Y le dijo al otro caballero andante…

-Tu encuentro fue inesperado,
años y años ya han pasado.
Buen amigo, tanto te he extrañado
como verás, aún no te he olvidado.

El rostro de Lord Edgar de Zamora demostraba asombro
creyendo que en un sueño había caído como plomo
quizá, el aullido de un lobo hubiera sido un parecido
y su respuesta a Sir Nícolas había sido:

-¿Cómo olvidarte, mi amigo estimado?
El tiempo ciertamente ha pasado
Pero me alegra verte de nuevo a mi lado.
Doy gracias a Dios por haberte encontrado.

Ambos despues de tanto tiempo,
volviosen a ver sus caras,
mas tanta diferencia se observaban
las marcas de vivencias pasadas.

Lord Jiménez, reconocido su amigo
Supo que traía éste una historia consigo
Y acercando lentamente su corcel
Desta manera le pregunto a aquel

-Mi querido y respetado amigo
Tu rostro, sin duda ha sido testigo
De penuria, penalidad y litigio
En este tiempo ¿qué te ha acaecido?

La cara de Sir Nicolas cambió de repente
al recordar hechos tan ocurrentes,
batallas, amores, hechos tan incurridos,
que con éste relato dio respuesta a su amigo:

-Ansimesmo fue el menester de mi valentía
blandir mi acero en guerras perdidas
tales soldados han cumplido su ocaso ante mi brazo
pero los años a mi me han deteriorado.

-Fuerte guerrero y fiel caballero yo he sido,
a mi familia y a mi tierra, con valor he protegido.
Luna y Sol a mi furia han visto,
mil veces me he levantado, pero nunca he caído.
Tristes guerras y duras penas ante mi han acaecido,
aunque mi carne no, mi espíritu ha quedado muy mal ferído.

- Pues a tantas guerras y luchas no he encontrado sentido
La violencia para mi no fue final ni camino nunca ha sido
Mis humildes orígenes esa visión no me han permitido
Mi espíritu quedó por la sangre derramada muy confundido

-Ahora, como ferido lobo solitario a mi hogar soy venido
Para disfrutar de las ganancias que bien he merecido
Descansar, curar mi interior de tanto sinsentido
Y de meditar y sopesar los actos que he cometido.


Y mientras ambos caballeros caminaban, ya atardeciendo, decidieron pasar por una posada que estaba cerca de donde ellos se encontraban.
Ya dentro de la posada, ambos se sentaron a tomar vino y a escuchar a los juglares mientras se seguian contando sus historias. La posada, que muy de la época, resultaba ser un lugar agradable y tranquilo, cuando se sentaron, llegó un trovador a recitarles sus poesías…

De los sus ojos tan fuertemente llorando
Volvía la cabeza establos mirando
Vio puertas abiertas, batientes sin candados
Perchas vacías, sin pieles ni mantos
Sin halcones ni azores mundaos
Suspiro Mio Cid por los pesares abrumado.

-Hablo Mio Cid bien y muy mesurado
--¡Gracias a ti Señor, Padre que estás en lo alto!
¡Esto me han devuelto mis enemigos malos!

Del Mio Cid es la poesía, del caballero de Vivar
Que con mano firme Valencia fue a conquistar
Y, a la sombre de éste que con moros se fue a enfrentar
Se dispone Lord Jiménez a su historia también narrar.

-Vive Dios, mi fiel amigo, que mi ventura mejor no ha sido
También mi camino por la guerra ha transcurrido
Y así puedo jurar que mi brazo y mi acero carne han hendido
Y hasta las últimas fuerzas la Ciudad Santa he defendido.
Cientos de moros y herejes con mi hoja he dado finiquito.

-Generales, caballeros y soldados, a los reyes y a su séquito
Con los templarios he defendido todo Sagrado Sitio
Yo no me he rendido, he caído y mi corazón queda contrito
Por mal ventura cinco flechas con mi escudo no dieron tino.

-Y mi lucha más no pude seguir, pues de gravedad fui herido.
Cuando me recuperé de mis heridas, la cruzada había concluido
De modo que por la paz a estos lugares de nuevo fui venido
A verla de nuevo a ella, por sus oraciones  no caí rendido.

Ante la historia de Lord Edgar, Sir Nicolas prestaba oídos
Tales vivencias a ninguno de los dos dejaría en olvido,
Más que dos caballeros, dos grandes amigos,
partieron a la mañana siguiente, dia domingo.

Y ante los ojos de los Molinos de Viento de Campo de Criptana
frente a los dos caballeros, una mujer desesperada.
Corriendo con lágrimas en sus ojos, llorando por su despojo.
Ambos caballeros se apuraron a ayudarla,
Preguntaron casi al mismo tiempo que es lo que pasaba
y la respuesta desta mujer desconsolada fue:

-Ah, caballeros, gracias a Dios a estos campos sois venidos
Pues victima he sido del ataque de unos malvados bandidos
El dinero me robaron y luego me ultrajaron esos forajidos
¡Caballeros, cuídense o vénguense se tales malnacidos!

Ante estas palabras Sir Nícolas atento se mostraba,
puesto que a la petición de esta Lord Edgar oidos prestaba.
Ambos caballeros a los caballos espolearon,
a donde los dedos de la mujer señalaron.

Fue menester de ambos apurarse,
a socorrer los bienes de la mujer despojada.
Agitaron tanto a sus caballos, que estos abasto dieron
hasta presentarse en un descampado.

Frente a ellos nada había,
ni las hojas de los árboles tentadas se movian.
Apenas entre ellos el viento pasaba,
cuando treinta bandidos con sus ballestas apuntaban.

El que era  líder destos malvados bandidos cobardes
Se adelantó de sus filas marcando  grandes alardes
A ambos caballeros se dirigió con lengua muy afilada
Casi tanto como el virote de su ballesta armada.

-Caballeros que vienen a vengar a al dama ultrajada
Y que osan enfrentarse al gran bandido de Criptana
Sin pensar que de un solo ataque con mi ballesta liviana
Pasaran a ser solo dos cadáveres con armadura saqueada.

Ambos caballeros, al verse rodeados en lucha tan desigualada
Dijeron al unísono al malvado bandido líder de Criptana:
-¡Baja esa ballesta, cobarde, no intentes la lucha distanciada
Saca tu espada y así la deuda con sangre quedará saldada!

Fue desta manera que el líder al cielo disparó su flecha,
dejando caer su ballesta, de su ira encendida la mecha,
Contra Lord Edgar y Sir Nícolas arremetío su espada
mientras el resto de su ejercito como espectador esperaba.

Fue la furia de ambos caballeros,
menester de sus espadas blandidas,
con honor y destreza,
de dos estocadas cayó herido nuestro deshonrado bandido.
Perdonarle la vida, ambos decidieron,
mas no fue de acuerdo el cruel rufían,
que contra Lord Edgar arremetió una daga oculta,
mas fallando el tiro, Sir Nícolas dio muerte con su tizona
acabando con ella, del malhechor su historia.

Al punto, la impía hueste del recién muerto bandido
Vieron su espíritu por el miedo y el respeto sacudido
Al ver a su gran e invencible líder allí muerto y caído
Entonces dijo lord Edgar con voz en grito:

-Hueste, no sigáis el ejemplo de vuestro líder vencido
De orgullo henchido pasó a ser por la espada hendido
Corred, huid, a salvar vuestra vida y vuestra alma redimir
No nos enteremos mi amigo y yo de que volvéis a herir.

Frente a estas palabras muchos soltaron sus espadas,
Corrieron y corrieron, dejando a ambos caballeros a sus espaldas.
Estos bandidos, ahora cobardes y arrepentidos,
Sin líder ni comandante su espíritu quedó hendido,
Y así marcharon en desesperada retirada
Sin palabras ni orgullo, así quedaron, sin nada.

Los dos caballeros, con su deber finalmente cumplido
Retornaron con la dama que habían los bandidos ultrajada
Ella, con lágrimas en sus ojos, les vio llegar, emocionada
Con gesto tranquilizador Lord Edgar le susurró al oído:

-Tranquila, menesterosa dama, pues aquel bandido
Que osó ultrajarla y robarla muerto por mi amigo ha sido
Su afrenta queda así solucionada y su honor restablecido
Vaya con Dios, miladi, que Él la guarde en todo su camino.

Con brío a sus caballos espolearon, grandes caballeros
Que en su vida a muchos ayudaron.
Caballeros son quienes ajustician y protegen
a cuyos menesterosos, que en situación lo merecen.

Frente a estos campos, campesinos y harrieros vieron pasar,
como un haz de polvo, sus caballos volar,
valentía, honor, fuerza y libertad
en un espíritu de lucha y justicia no han de faltar.

Estos dos caballeros su camino así continuaron
Sin saber que, desde la sombra, eran observados
Dos hombres con traje negro totalmente ataviados
Entre ellos en susurros  sigilosos se murmuraron:

-Ellos dos, son ellos, no cabe más tiempo dudar
Esos son los dos caballeros que hemos de matar.
De un ataqué rápido con su vida vamos a acabar,
Y con sus cabezas nuestra recompensa así ganar.

Y así cual ave rapaz un virote de ballesta se aproximó
Al hombro de Sir Nícolas, al cual de su caballo derribó
A pesar de no haberle hecho daño, el golpe les advirtió
Que ambos un gran peligro corrían.

Solo el silencio observaba en ese descampado,
Como si nadie hubiese ahí hallado,
Cuando de repente a ambos caballeros emboscaron
Dos asesinos que de las sombra surgieron.

A Lord Edgar un virote le acertó en el pectoral
Pero el metal de éste le evitó la herida fatal.
Sir Nicolás con rapidez se fue a levantar
Y ambos sus espadas fueron a desenfundar.

Los asesinos, las ballestas ya agotadas
Blandieron al punto cuchillas emponzoñadas
Finas y letales, como punzones infernales
En sus manos, armas sencillamente mortales.


Ambos caballeros corrieron contra los asesinos,
con sus brazos y espadas en alto
y sus espíritus enardecidos.
Nunca se vió tal batalla en el mundo conocido.

Chispazos saltaban de sus espadas al ser chocadas
El acero de uno de los asesinos resultó quebrado
Al ir contra la tizona de Nicolás a ser bloqueado
Y éste, aprovechando, al asesino dejó finiquitado.

Lord Edgar con su acero apenas dos asaltos
Le duró el asesino, que atacaba a grandes tajos
Mas no queriendo matarle, decidió tan solo atontarle
Y un golpe en el cráneo con la empuñadura asestarle.

-Bellaco malvado y traidor, has sido vencido
-¡Asesinos, compañeros, acudid a mi auxilio!
 Su grito fue interrumpido por la sangre manada
De la herida en su corazón a filo por Edgar infligida

-¡Guarte, guarte, Nícolas! ¡Guarte guarte!
¡En este momento nos acecha mala hueste!
Al punto de entre los arbustos surgieron
Más asesinos armados la lucha siguieron.

Fue terrible la lucha y sangriento cada golpe,
muchos asesinos cayeron,
y poco a poco fueron desistiendo estos ávidos caballeros,
pero no fueron vencidos.

Jubones se rasgaron y adargas se rompieron,
en tan cruenta batalla, que de testigo estas hojas fueron,
así fieramente, como cortaron armaduras, sus armas cortaron el viento,
y al acabar con todos estos maleantes, ambos quedaron sin aliento.

De dolor y muerte aquel campo quedó sembrado
Por la sangre de los impíos fue muy regado
Lord Edgar, jadeante, pudo ver a un asesino
No muerto, tan solo muy malherido.

-¿Quién te manda? ¿Quién te paga, asesino?
El impío hombre, nada que perder, decide responder
-Un moro...un comandante de...los musulmanes
Que quiere...en batalla a todos ustedes retarles...

Agotada la sangre del hombre, su voz es así callada
-Moro, comandante. Creo saber de quién se trata.
Dice Lord Edgar, metiendo su espada en la vaina
-Amuza, Amuza le llamaban, el que los vientos amaina,
Así le llaman entre los sarracenos tal que es su fama.

Dos días después, Lord Edgar de Zamora y Jimenez y Sir Nícolas di Cosenza y Villalobos se embarcan a Arabia a buscar a su enemigo Amuza, esa historia se continuará en el siguiente capitulo…
Eric N. Palmieri (Espíritu del Viento) y Edgar Jimenez Garcia (Aljan)