viernes, 12 de agosto de 2011

La Vibora del Paraná


Don Alberto se hallaba pescando en las orillas del Paraná con su caña en mano y escuchando la radio a las cinco y media de la mañana en verano, dejo la caña en el posa caña para ir a buscar la caja de herramientas, al momento que agarro la caja, prendió un cigarrillo y volvió a su pesca.
Ya se hacía de día y pasaban los barcos yendo a Buenos Aires. Don Alberto, un gaucho entrerriano, salió a pegar una caminata por la orilla del Paraná cuando este separo su bruma de la orilla, después de caminar un rato se sentó en la orilla, se quito las alpargatas de cuero y entro al agua a refrescarse los pies, en eso no noto que se aproximaba algo por el agua, una Yarará-ñata, Don Alberto volvía a la orilla sin imaginar el peligro que le acechaba. Al calzarse la primera alpargata la Yarará atacó justo al brazo.
-jarara kuña hekovai-Alcanzo Don Alberto a putear en guaraní a la víbora
Corrió de vuelta a su coche, arranco y se fue dejando su caña y su caja tiradas en la orilla del Paraná. Con el Fálcon que tenía el gaucho se mando todos los pozos sin importarle el coche, debía ir cuanto antes al hospital de Zarate y Brazo Largo en Buenos Aires y el todavía estaba muy lejos, ya sobrepasando los 140 Km/hora decidió prender otro cigarrillo para calmar sus nervios, el brazo todavía estaba bien pero le dolía mucho.
Cuando pudo freno el coche y se empezó a hacer un torniquete en el brazo, ya lo tenía hinchado y se le ennegrecían los dos puntos de los colmillos de la maldita víbora. Volvió a emprender viaje lo mas apurado posible y ya adolorido.
El veneno de la Yarará-ñata es mortífero y deshace los músculos en cuestión de minutos. Don Alberto ya se encontraba sufriente de lo que para la víbora era solo un juego de ataque y defensa. Ahí yacía el gaucho en su coche con su brazo casi negro e hinchado como un globo puteando en guaraní a los gritos del dolor que el sufría, El viaje se le hacía interminable, ya cerca del primer puente el gaucho se descompenso y volcó el coche en una zanja al lado de la ruta.
-Suerte es la suerte del que no muere asi-decia el gaucho del Paraná que las esperanzas ya había perdido.
Se volvió a descompensar cuando paró un camión cerca del coche y bajo el camionero, examino al gaucho que todavía respiraba pero yacía inconsciente en un sueño del veneno de una víbora.
El camionero llevo rápidamente al gaucho a Zarate pero fue inútil, Don Alberto del Paraná ya perdido estaba en el sueño del veneno de la víbora de aquel rio…
Eric N. Palmieri(Espiritu-del-Viento)

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