sábado, 18 de febrero de 2012

Al adiós

No sabes cuánto cuesta,
todos los días decirte adiós
sin saber si volverás
o si entre lágrimas,
he perdido un amor.

Miro al horizonte
cual perro vagabundo,
esperando  que llegues
porque me hundo a cada minuto.

Ruego porque mi dolor
solo esté de paso.
Pero si no te veo volver,
sin más, por mi muerte rogare.

Yo no quiero decirte adiós
porque en el alma duele
ver en tus labios esa palabra
la que solo nos llena de soledad
que solo está para despedirse.

¿Qué nos impide juntarnos?
De ser la distancia, al diablo con el mundo
de ser la vida, contra la vida lucharé
de ser la suerte, mi propia suerte guiaré.

A veces atento contra mi suerte
porque no soporto, no puedo soportar
que mi suerte no  quiera
que yo te pueda amar.

Me reduciré a cenizas
caminando hasta el cansancio,
marcando mi camino entre las briznas
y vivir es una cosa que intento
mostrando siempre una sonrisa.

Desearía que todo esto fuera fácil
pero debo luchar, no pararé
hasta haber logrado lo que me propuse
en un principio, en un fin
en mi delirio, en una fantasía
y si te miento, que mi castigo venga en demasía.
Eric N. Palmieri (Espíritu-del-Viento)

2 comentarios:

  1. Si, el dolor del posible adios es muy cruel. Lo puedo entender perfectamente. Bonito poema, aunque duela leerlo y supongo que más escribirlo

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  2. Escribirlo no fue lo doloroso, fue un desahogo nomas, pero uno debe desahogarse todo lo que pueda pero nunca rendirse. Gracias por el comentario. Un saludo entre letras.

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