martes, 31 de enero de 2012

Dolor

Fría y oscura noche
te canto adolorido mi poesía
escrita con una pluma
mojada en lágrimas negras y amargas
sentidas, tinta pura.

Ya me harté de esconderme
me harté de la vida
de sus golpes asestados
contra mi carne adolorida.

Fría noche tormentosa
de sabias palabras, por más dolorosas,
en que me castiga la memoria
con sus palabras, poco piadosas.

No olvidaré aquella noche
en la que nací y morí
todo al mismo tiempo
“por la misma puerta que entré, salí”.

Dolida poesía escrita
ardiendo en manos de la vida
escuchad mi aullido
esta última y paupérrima estrofa.
Eric N. Palmieri (Espíritu-del-Viento)

domingo, 29 de enero de 2012

La Pausa

Mientras el vapor del agua subía desde su taza de té a la madrugada, él tenía la mirada fija, totalmente fija, a un punto del vacío al cual conocemos como pensamiento, ¿será ese punto insustancial, ese punto, al que solo llega la mente?

Mientras él miraba a ese punto fijo y su té se enfriaba, el tiempo afuera pareciera haberse detenido por completo: No había ningún ruido, el viento había parado, su ventilador era quizá lo único en el mundo lo cual se movía en ese momento. Esta persona en especial, se encontraba hundida en su propia mente, sería incorrecto decir que estaba dormido puesto que estaba despierto, únicamente que no lo aparentaba. Afuera, era una noche tranquila, despejada, pareciera que no había absolutamente nadie en la calle. Él se imaginaba en sí, desde su silla mecedora, como el mundo debería ser tan apacible como ese momento, aún si así lo fuese, el mundo estaría mejor, más calmo.

Pensar lo que un té negro, endulzado con miel de mala calidad, servido en una taza vieja, marcada, casi rota, puede hacer a una persona, lo que la puede llevar a pensar. Posiblemente navegar en un mar de aguas oscuras, buscando el oro de algún pirata, o simplemente viajar para desarraigarse de donde toda su vida había pasado.

Este tipo ni pestañeaba, ni un musculo movía, desde su fijo punto el cual su vista intentaba extricar, -¿cumplir con lo imposible?-meditaba él mientras desde su quietud se movía libremente, siempre sin moverse.

Su té parecía no enfriarse nunca, pasaban y pasaban las horas y no amanecía. Un típico ademan, algún movimiento, alguna historia relataba su mente. Ni el reloj se movía, aparentemente sin pilas, ni en su radio se escuchaba a Carlos Gardel, tango que él había bailado alguna vez en su vida.

¿En qué estaría pensando aquel tipo desde aquella mecedora, con su té humeante frente a él? ¿Sería alguna actividad suya? ¿A qué se pudo deber tal trance?

Uno por lo general suele olvidarse de todo un par de veces al día, pero no quedarse así, casi como un muerto. Probablemente estaba volando, más allá de la realidad conocida, quizá perdiéndose entre los barnices y marcas en su techo de madera, quizá intentando pintar con los ojos a una Gioconda, procurando ser un Da’ Vinci o algo más. Quizá estaba imaginando una obra de Borges o quizá un drama de Sófocles, o hundiéndose en las aguas del Mar Egeo, buscando los huesos del antiguo rey de Atenas.

Que su consciencia no era completa estoy seguro. Aunque de súbito, una convulsiva palabra rondando en su mente lo avivaba como si de una brasa se tratase, pero aún así, ningún movimiento expresaba su cuerpo. Fiel al tiempo y a las cuerdas que tejen a la realidad, el Sol procuraba salir por el Oeste, pero ni aún así el mundo se movería: todo estaba en una completa quietud. Ni el reloj se movía, ni el Sol saldría, ni el té se enfriaba mientras este tipo estaba en su mecedora intentando extricar a las extraños nudos de su madera o a sus barnices marinos, probablemente su mente fuera lo único que se movía en ese momento, que estaba oscilando por su cabeza, perdida en un mar, buscando el tesoro de algún pirata o buscando los huesos del antiguo padre de Teseo.

Que rara imagen era esa, en la cual nada se movía, nada sucedía. En la cual, un té negro hacía bailar unos delgadísimos hilos de vapor, provenientes de esa taza vieja, taza que una amiga le había regalado en alguno de sus cumpleaños. Como el mundo de repente se había parado, como todo se hallaba en perfecta armonía, pero aún así, esta armonía no tenia explicación. Ni un ejército de Stephens Hawkins hubieran podido deducir que estaba sucediendo. Inclusive un grano de pólvora a medio quemar, para que un proyectil saliera de su arma se habría quedado quemando, sin prender nunca a los demás, sin terminarse de quemar a sí mismo.

Ligeramente todo fue volviendo a la realidad, su mente disipándose entre pensamientos  que todavía no pude descifrar, el reloj marcando las tres y media pasadas de la mañana y su segundero moviéndose tan rápido como el tiempo lo designa, su té enfriándose en sus labios mientras él lo tomaba de esa taza vieja, pensando que quizá Egeo no aparecería nunca. Mientras sonaba una vieja melodía de Carlos Gardel en su radio, recordándole su adolescencia, la realidad volvía en sí, pero su mente nunca lo recordaría.
Eric N. Palmieri (Espíritu-del-Viento)

miércoles, 25 de enero de 2012

Mi mejor arma

Háyase aquí mi mejor arma
no se forjó nunca mejor daga que un lápiz
no hay mejor armadura que una hoja
no hay mejor escudo que la inspiración
¡he aquí mi grito de batalla: la poesía!

Vuestro valor debe ser el sentimiento
¡oh, poetas del corazón!
sois vosotros dueños de la letra y la palabra
vosotros, que sabéis empuñar el lápiz
para darnos a leer vuestras magnificas poesías.

Es el pasaje del alma
vuestras palabras recitadas
entre suaves melodías
se escucha esta canción…

Sea danzando con los elfos
en la vida, cual certero reflejo
cantando estas coplas, sobre el duro bermejo
cantando frente al mar, tu espejo.
Eric N. Palmieri (Espíritu-del-Viento)

domingo, 22 de enero de 2012

Hoja en Blanco (Escritura Automática)

De brazos cansados me extiendo
entendiendo quizás lo inentendible
que en internet desvive
lo vivido por aquella ocasión
que nadie sabía lo que pasó.

¡Madre mía! lo que recuerdo
quizá lo que no puedo ver
quizá lo que algún día se me ocurrió
lo que nadie puede ver…

Sopla una quena el viento
sopla la vida el recuerdo
piensa que ya nadie conoce lo que algún día esto voló
por ayer y el recuerdo se oscureció.
Eric N. Palmieri (Espíritu-del-Viento)

martes, 17 de enero de 2012

El Monte del Recuerdo

En el monte del recuerdo me encuentro
sumergiendo los pies en el lago del olvido
mirando al paisaje de lo desconocido
escuchando al mar y sus latidos.

 Es algo extraño, sentir todo esto
sentirse vivo, y a la vez muerto
estar entre el olvido y el recuerdo
gritar poesía, y escuchar silencio.

Como el mundo se ha perdido
como la razón ha sido robada
como la vida se ha profanado
o como la verdad ha sido violada.

Que estas son falacias dirán
que la razón la he perdido
que al mundo lo desprecio
o que ya he pasado al olvido.

Vean pues como ignoro todo esto
como desde mi monte veo todo
que mi imaginación me ha dado a luz
a mí, un ser no tan perdido.

Escuchen esta balada
recuerden que es igual a nada
impías palabras, claras
sabias memorias, agraciadas.
Eric N. Palmieri (Espíritu-del-Viento)

lunes, 16 de enero de 2012

Oda al Café

¡Oh! Santo brebaje
que enciendes la vela
de mi insomnio.

Profundo color oscuro
ligeros hilos de humo
recuerdos de mi adolescencia
entre calles solitarias
de noche, bebiendo una taza.

¡Tú, fulgurante mecha!
que te enciendes en mis venas
¡Tú, petróleo oscuro!
que bebo en vela
para reflexionar
para no dormir penas.

Ya van horas sin dormir,
tiempo sin descansar
sin apoyar mi cabeza
para empezar a soñar.

Liquido de fuerte olor
de un grano de oscuro color
tú, quiero que seas tú, amargo cual licor
el que encienda la vela de mi insomnio.
Eric N. Palmieri (Espíritu-del-Viento)

martes, 10 de enero de 2012

Pensamientos vagos (Escritura Automática)

Solo ando
volando entre nubes
olvidando el pasado
nunca pienses que no fui
pensando en mí
lo que no será verdad
allá yo, lejos del más allá.
                           
Piensa en la realidad
como si nada fuera
quizá, solo quizá
yo no exista
después de estas letras.

Con avidez me despido de mis letras
olvidando quien soy
recostándome en la verde hierba.

Lejos, lejos a más no poder
vuelo como un pájaro,
solo al ras del viento
yendo a mí encuentro
me encuentro
solo con la vida
imaginando la partida
donde alguna vez estuve
y donde nunca más estaré.
Eric N. Palmieri (Espíritu-del-Viento)

jueves, 5 de enero de 2012

Oda al Olvido

Olvidar… ¿hay algo mejor?
olvidar lo malo, olvidar las vergüenzas
olvidar la pena,
dime chico, ¿en qué piensas?

El momento en que nací
me condené a olvidar
prefiero no sufrir
antes que lo malo recordar.

Si algo la vida me enseñó
es a olvidar rápidamente
pero, siempre acatando mis errores
para no cometerlos nuevamente.

Quizá haya algo que recordar
después de morir
o antes de vivir
dime chico, ¿en qué piensas?

En letras se recuerda tinta
en palabras se recuerda el viento
en mi mente se recuerda todo
y con la muerte acaba el recuerdo.

Espero, sin contar el tiempo
olvidando lo malo que hice
recordando algunas cosas…
dime chico, ¿piensas en algo?
Eric N. Palmieri (Espíritu-del-Viento)