miércoles, 22 de agosto de 2012

Sueños Escondidos


Sueños escondidos, en algún lugar de la mente,
con recio sendero, irregular relieve,
sin puertas, vallas ni visible desbroce,
difícil camino, inacabable es su horizonte.

 Oculto será por algo, más no me atrevo a preguntármelo,
ni valentía ni honor sirven en este lugar,
en el camino puede habitar lo que más uno teme,
en este lugar existen muy pocos secretos.

Vencer depende de uno mismo, tanto como este domine a su mente,
pues cuanto más profunda sea, más camino uno deberá enfrentar.
Uno puede morir varias veces e inclusive por ello no despertar,
este lugar no es cualquiera, más un tesoro inigualable debe albergar.

Muchos enloquecen buscando este lugar,
muchos se pierden, encontrando solo su propia oscuridad,
muchos se embarcan en una siniestra aventura,
ni ellos mismos saben si regresarán.

Aquí uno debe mantener su paso, de atrasarse ni pensar,
puesto a que las horas corren, y el alba real puede esta búsqueda frenar,
haciendo a uno abrir los ojos, volver de su íntimo más allá,
para no saber cuando volverse a esa aventura embarcar.

Sueños escondidos, por algo lo son,
¿Dónde se encontrarán?, es algo que no lo sé,
ni los más sabios lo conocen, mas algunos hablan de la locura,
sin saber que al llegar a ese lugar ya no existe la mal llamada cordura.
Eric N. Palmieri (Espíritu del Viento)

sábado, 11 de agosto de 2012

Oda del Leteo

Es una noche muy silenciosa,
la Luna se ha perdido entre sus cabellos
de limpidez inmaculada y etérea,
tan clara como lago de bosquejo,
tan brillante como plata bruñida,
es como se muestra ante los ojos humanos.

De un color azul y plata se viste la noche
cual si se ataviara con fulgurante humo,
como virgen, inmaculada, nocte perfectum.
Y su pupila insondable arroja rosales nublosos,
mientras estos caen en su canasta de plata y oro
y los sudarios sombríos susurran una melodía sorda,
será cuando las ninfas Dafne y Eurídice
acudan a la lira de Orfeo sorbiendo su sonido inmaterial.

En esos manantiales de olvido, semejantes al Leteo,
de los cuales procuro mantenerme cerca,
para alejar el chaparrón fosco de la memoria,
para que este no irrumpa ni en mi mente ni en mi paz
y así permanecer en los quietos mares de mi sosiego,
antes de volver al amplio mundo, y mi espada entonces desenvainar.

En este lugar desconocido me encuentro,
en mi seco silencio y mi ronca sed,
para saciar a mis sentimientos,
y hallar la calma que en vida no tuve,
ni en muerte tendré, más ni un Valhala me espera
solo este vacío, este abismo tormentoso
decidirá con mi alma que hacer.
Mas es fatal la tortura que me espera.

Solo hay un interludio; la Luna perdiéndose entre sus cabellos
manifestándose en haces de una luz, cual alcohol, embriagantes,
Mi mente me absorbe, abyssi cogitationis me induce,
llevándome de un paraíso a otro, emponzoñando mi visión de este mundo,
y eternizándome en un instante que parece inacabable,
o a una efímera eternidad, callando mis palabras antes de que yo hable.

Y aquí reiterando el tiempo veo tanto y siento tanto,
me inmolo en mi mente para seguir soñando,
con la insondable pupila neblinosa,
la cual ciego me deja ante el mundo que no quiero ver,
antes preferiría volver a mis manantiales umbrosos,
para seguir descansando, para cumplir ahí una eterna estadía,
injertando mis manos en las aguas verdes y sorbiendo,
y entre gota y gota, entre luna y luna, perderme en mis sueños.
Eric N. Palmieri (Espíritu del Viento) y Fabrizzio Lerma Chirinos